Hay veces que simplemente no sé que hacer. Tiendo a seguir a mi corazón, pero se ve que él no me sigue a mi.
A razón de esto, me mando mil y una, me equivoco, me tropiezo con todo.. y ahí es cuando aprendo como hay que hacer las cosas. Pero también es cuando las ganas de hacerlas se me fueron.
Y empiezo a pensar, a usar la razón y dejar un poco de lado al corazón. Veo que las cosas, en verdad tienen dos caras y no eran sólo como las sentía. Entonces es cuando para cada paso que doy, voy, lo pienso tranquila y recién ahí empiezo a caminar.
En el camino me encuentro con una piedra, la veo, y la esquivo de una forma tan minuciosa e inteligente que ni la toco, ni la rozo, ni nada. Feliz de mi "astucia" sigo caminando contenta, pensando en que lo que hice, estuvo barbaro, y vengo tan entretenida con mis pensamientos que no veo que cerca hay otra piedra. Y me vuelvo a tropezar.
Ahí es cuando me doy cuenta, que pensar mucho tampoco sirve.
Y entonces? Cómo tenemos que reaccionar?
Creo que es fácil la respuesta.
Sólo hay que dejarse llevar.. No perdés tiempo pensando, y no dejas de intentarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Epa epaaa pero mirá quien va a comentar..